De Edgardo Lander1
El debilitamiento de los Estados nacionales (particularmente los del Sur global, pero más recientemente también del Norte)2, ha sido durante las décadas del neoliberalismo una estrategia fundamental para hacer que estas sociedades sean menos democráticas, y con ello, más vulnerables e indefensas frente a la mercantilización global. En estas condiciones, la recuperación del Estado ha sido considerada como una necesidad para fortalecer alguna medida de soberanía nacional, para la recuperación de lo público, para la posibilidad misma de cualquier proceso de cambio significativo en estas sociedades. Sin los recursos materiales e institucionales del Estado, estos intentos de cambio serían más fácilmente frenados y/o derrotados por los intereses nacionales/internacionales potencialmente afectados. Sin embargo, y muy contradictoriamente, se trata de intentar fortalecer tramados institucionales que históricamente han operado, en lo fundamental, como estructuras coloniales de reproducción de las relaciones de dominación y explotación existentes.